Páginas centrales de The Tidings dedicadas a los atentados terroristas del 11 de septiembre.
Acababa de llegar a mi escritorio, en el sexto piso del Centro Católico Arquidiocesano, poco después de las 7:30 de la mañana del martes 11 de septiembre de 2001. Me disponía a comenzar a editar las historias y páginas que faltaban para completar la edición de esa semana de The Tidings.
Los martes eran días de cierre. Como editor interino, mi tarea era asegurarme de que todo estuviera en orden —historias editadas, fotos colocadas y páginas aprobadas— a más tardar a las 4 de la tarde, para cumplir con el plazo de impresión.
Apenas encendí mi computadora, vi que mi colega, Hermine Lees, caminaba lentamente hacia mí, visiblemente alterada.
—¿Te enteraste? —preguntó con la voz entrecortada.
—¿De qué? —pregunté.
Lees me contó la noticia del aparente ataque terrorista contra el World Trade Center, en la ciudad de Nueva York. Me volví hacia la computadora y encontré titulares, noticias y fotografías que mostraban la destrucción y el caos. Estaba claro que aquel martes sería diferente a cualquier otro.
Portada de la edición de The Tidings del 14 de septiembre de 2001, que entró en imprenta el 11 de septiembre. (Archivo de Tidings)
No era la primera vez, durante mis 10 años en The Tidings, que una noticia de gran magnitud surgida de manera inesperada alteraba por completo los planes para una edición. Había vivido allí los disturbios de Los Ángeles de 1992 y el terremoto de Northridge de 1994. Pero ¿un ataque terrorista en nuestro propio país?
Mi primera búsqueda en internet fue en Catholic News Service, con sede en Washington, D.C., a unos 10 kilómetros del Pentágono, donde todavía se elevaba una columna de humo y seguían encontrándose cuerpos. Pensé en el equipo de CNS, un grupo extraordinario de personas que año tras año producía un trabajo de gran calidad. ¿Qué estarían viviendo en ese momento? Ese fue el primero de muchos momentos en que, en silencio, recé ese día por su bienestar.
El sitio web de CNS ya había publicado fotografías: algunas tomadas por sus propios fotógrafos y otras obtenidas a través de la agencia Reuters. Descargué algunas, sabiendo que a lo largo del día aparecerían muchas más. Y traté, aunque no siempre lo logré, de dejar las emociones a un lado para concentrarme en el trabajo que tenía por delante.
Alrededor de las 8:30 de la mañana comencé a recibir llamadas de las integrantes de nuestro equipo de redacción: Ellie Hidalgo, María Luisa Torres y Jennifer Vergara. Habían visto la cobertura televisiva, con sus imágenes estremecedoras, y habían estado hablando para compartir su angustia, llorar y consolarse mutuamente.
Para las 9:30, todos habían llegado y nos reunimos para decidir qué cubrir y quién se encargaría de cada tarea. En cuestión de minutos, habíamos trazado un plan. María Luisa se pondría en contacto con representantes de distintas confesiones religiosas; Ellie hablaría con expertos sobre el impacto psicológico de acontecimientos de esta magnitud en los niños; y Jennifer contactaría a las oficinas de la arquidiócesis especializadas en cuestiones raciales e interculturales.
Lees, que llevaba 15 años en The Tidings y, como bibliotecaria del periódico, parecía saberlo absolutamente todo, ayudaría con la edición, la corrección de pruebas y la recopilación de información de contexto que resultaría útil tanto ese día como durante las semanas siguientes.
Yo me encargaría de reunir y organizar el material de CNS y los comentarios locales, incluidos los de teólogos de la zona que pudieran responder a las preguntas que todos parecían hacerse, especialmente esta: “¿Dónde está Dios en medio de todo esto?”. (Esa historia se publicaría una semana después).
Me reuní con José Velasquez, encargado de producción de The Tidings, y Julio Saravia, diseñador principal de páginas, para explicarles qué podían esperar y en qué momento. Aproximadamente dos tercios de la edición de 24 páginas ya estaban terminados, pero hubo que rehacer algunas de esas páginas para dar lugar a las noticias de último momento.
FOTO: La página “Nación y mundo” de The Tidings presentó las noticias más recientes sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre. (Archivos de Tidings)
También hablé con Victor Alemán, editor de Vida Nueva y fotógrafo, quien podía ayudarme a seleccionar las fotografías y decidir dónde colocarlas.
También le envié un correo electrónico al cardenal Roger Mahony, quien se encontraba en Washington para participar en reuniones de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Para entonces, ya sabía que tendría que quedarse allí más tiempo de lo previsto, porque todos los vuelos dentro de Estados Unidos habían sido cancelados.
Apenas una semana antes, el cardenal me había enviado por correo electrónico una reflexión sobre una cena de Estado a la que había sido invitado por el presidente George W. Bush. El artículo, que estaba previsto para la página 3, tendría que esperar para otra ocasión, le expliqué al cardenal.
Estuvo de acuerdo. "Si es que alguna vez llega a publicarse", agregó Nunca se publicó. (Ese día, el cardenal Mahony fue entrevistado en vivo por CNN por Wolf Blitzer. Sus declaraciones fueron citadas en un artículo que escribí ese mismo día).
Esa mañana también hablé con mi esposa, Janis. Los martes, ella llevaba a nuestro hijo Jeff a su clase de cálculo en Cal State Northridge antes de ir a trabajar como directora de iniciación en la parroquia St. Joseph the Worker, en Canoga Park. Me contó que las clases en CSUN, al igual que en casi todas partes, habían sido canceladas como medida de precaución, y que ella y Jeff estarían en su oficina.
Janis había estudiado Periodismo conmigo en Cal State Northridge y había trabajado profesionalmente en noticias radiales. Sabía perfectamente lo agitado que sería mi día.
—Solo manteneme al tanto —me dijo—. Y cuidate.
—Vos también —le respondí.
Al mediodía, caminé unas pocas cuadras por Wilshire Boulevard hasta la iglesia de San Basilio para participar de la misa del mediodía. Necesitaba alejarme un poco de las noticias, y una iglesia suele ser el mejor "lugar para desconectarse" que se haya inventado.
Al terminar la misa, vi a una joven encendiendo una vela a un costado de la iglesia. Le tomé una fotografía y le pregunté si la vela era por las víctimas de los atentados.
Asintió en silencio.
Fragmento de la nota de portada de The Tidings en su edición del 14 de septiembre, dedicada a los atentados del 11 de septiembre. (Archivo de Tidings)
Teniendo en cuenta los acontecimientos y las circunstancias de aquel día, el periódico se armó con una rapidez y una calidad sorprendentes. Julio preparó una doble página central con fotografías y texto, titulada "Terror y destrucción", que captaba la magnitud y el horror de los atentados. Victor y Jose ayudaron a seleccionar la fotografía principal de portada, en la que se veía a bomberos de Nueva York trabajando frente a los restos calcinados del World Trade Center.
A lo largo del día, mi formación como periodista y mi costumbre de trabajar contra reloj hicieron que, en algunos momentos, me frustrara cuando una noticia o una fotografía no se descargaba con la rapidez que yo esperaba. Terminamos a las 5 de la tarde, una hora después de nuestro plazo, lo que para mí representó un logro importante.
Esa noche, ya en casa, vi por primera vez las imágenes televisadas de los aviones, cargados de personas, estrellándose contra el World Trade Center. Hasta entonces, todo lo que había visto eran fotografías de los atentados.
Aparté la mirada del televisor. Ya había tenido suficiente por ese día.
Al igual que la edición de The Tidings del 14 de septiembre de 2001, las ediciones del 21 y del 28 estuvieron centradas en los atentados del 11 de septiembre, en cómo afectaron a la Iglesia de Los Ángeles y en la manera en que esta respondió con actos de fe y caridad.
Sé que todos los que formábamos parte de The Tidings hicimos lo mejor que pudimos para cumplir nuestra misión como servidores de la Palabra, incluso en un momento en que nuestras palabras escritas, por más sinceras y llenas de fe que fueran, parecían dolorosamente insuficientes.
También sé que entonces, y todavía hoy, agradezco la oportunidad de poner al servicio del anuncio de la Buena Nueva del Evangelio los talentos que Dios me ha dado, y especialmente cuando las noticias del mundo no son tan buenas.
Como personas de fe, eso es lo que hacemos.
Nota del editor: Las ediciones de The Tidings del 14, 21 y 28 de septiembre de 2001 obtuvieron el segundo lugar en la categoría de Excelencia General, correspondiente a publicaciones de gran circulación, en los Premios de la Catholic Press Association de 2002.