Read in English.

El único sacerdote católico de la isla Catalina, el padre Dario Miranda, está acostumbrado a ver rostros nuevos. Su parroquia, la iglesia de Santa Catalina de Alejandría, en Avalon, se encuentra a pocas cuadras del puerto, que recibe diariamente a turistas que llegan en ferry desde Los Ángeles.

Por eso, cuando una soleada tarde de principios de julio regresaba de llevar la Sagrada Comunión a pacientes de un hospital y vio a tres hombres en el patio de la parroquia, no les dio demasiada importancia.

“Pensé que eran turistas, así que simplemente los saludé”, contó Miranda.

Pero, a medida que comenzaron a conversar, Miranda descubrió que los tres hombres habían viajado a Catalina para comunicarle algo.

“Comenzaron a contarme sus historias de vida, su testimonio sobre lo que Jesucristo había hecho en sus vidas”, recordó Miranda, párroco de Santa Catalina desde 2023. “Fue sumamente reconfortante e inspirador; era justo lo que necesitaba escuchar ese día”.

Miranda no fue el único sacerdote que recibió una visita inesperada esa semana. Del 5 al 12 de julio, unos 3.000 jóvenes católicos se dispersaron por todo Estados Unidos, en grupos de dos o tres, para visitar todas las parroquias católicas del país, siguiendo la misión apostólica de “dos en dos” descrita por Jesús en el Evangelio: sin llevar “nada para el camino”. Ni comida, ni dinero, ni ropa, ni siquiera un teléfono celular.

Los jóvenes provienen de parroquias donde, a través del Camino Neocatecumenal, un itinerario de iniciación cristiana, están comenzando a redescubrir su bautismo.

“Nuestro bautismo nos envía”, afirmó Mary McCarthy, una laica que forma parte del equipo responsable del Camino en el norte de California. “Nuestro bautismo nos envía porque estamos aprendiendo que todos los fieles tienen el derecho y el deber de anunciar a Jesucristo. No estamos realizando ningún ministerio. Simplemente compartimos lo que Jesucristo ha hecho en nuestras vidas”.

McCarthy, originaria de Nueva Jersey, afirmó que esta misión demuestra que el mundo y la Iglesia necesitan la “radicalidad del Evangelio”.

“No importa quién seas. Todos necesitamos un mensajero, un testigo, que nos anuncie que Dios nos creó para ser felices y que nos ama tal como somos. Y ese amor no es una teoría ni una idea; se experimenta en la vida de personas reales”.

El arzobispo Thomas Wenski, de Miami, celebró una misa el 4 de julio en Orlando junto a varios cientos de misioneros que al día siguiente partieron para una misión de una semana “de dos en dos” por el sur de Estados Unidos. (Seminario Redemptoris Mater de Miami)

El arzobispo Thomas Wenski, de Miami, celebró una misa el 4 de julio en Orlando junto a varios cientos de misioneros que al día siguiente partieron para una misión de una semana “de dos en dos” por el sur de Estados Unidos. (Seminario Redemptoris Mater de Miami)

De los cientos de equipos que salieron en misión, muchos durmieron en las aceras, en parques y en refugios para personas sin hogar. Otros fueron acogidos en las casas de fieles laicos. McCarthy explicó que la misión se inspiró en el Año Jubilar de San Francisco de Asís, proclamado a principios de este año por el papa León XIV con motivo del 800.º aniversario de la muerte del santo italiano.

“San Francisco descubrió que la pobreza era su mayor riqueza”, afirmó McCarthy. “Lo ayudó a amar más a Cristo y lo convirtió en un testigo más creíble del Evangelio ante las personas que realmente necesitaban escucharlo”.

Uno de los visitantes de Miranda aquel día fue Rafael Zaragoza, de 36 años, de la parroquia de San Juan Bautista, en Baldwin Park. Durante un retiro en la Diócesis de Stockton la semana anterior, su nombre fue colocado en una canasta junto con otros más de 500 para ser enviados a cualquier lugar del oeste de Estados Unidos, incluidos Alaska, Arizona o incluso Hawái. Sin embargo, el sorteo lo destinó más cerca de casa: a la Región Pastoral de San Pedro de la Arquidiócesis de Los Ángeles.

“Pasar una semana abandonados a la Divina Providencia fue una experiencia que me cambió la vida. Dios estuvo con nosotros en todo momento, aunque a veces no nos diéramos cuenta hasta más tarde”, afirmó Zaragoza, cuyo equipo pudo tomar un ferry a la isla Catalina gracias a la generosidad de los feligreses que habían conocido en la iglesia de la Santísima Trinidad, en San Pedro.

“La misión fue tan importante para mí como lo fue para los sacerdotes y las personas que conocimos”.

El equipo de Zaragoza fue uno de los 25 que visitaron la Arquidiócesis de Los Ángeles. El grupo asignado al decanato situado más al norte, en la zona de Santa María, visitó al padre John Mayhew, CJ, un sacerdote josefino nacido en Inglaterra que ha pasado la mayor parte de sus 61 años de sacerdocio en Estados Unidos. Cuando Mayhew comprendió en qué consistía su misión, organizó su hospedaje y se ofreció a llevarlos en automóvil a las demás parroquias del decanato.

“Comencé a darme cuenta de que las breves historias de cada uno de estos jóvenes se habían unido, de alguna manera, en un mensaje muy sencillo que podía animar a las personas que quizá se habían alejado a volver a seguir el Evangelio”, afirmó Mayhew, de 88 años, quien se desempeña como vicario parroquial de la iglesia de San Luis de Montfort, en Santa María. “Cada uno tenía una historia por la que se sentía agradecido, y simplemente la compartía”.

Más de 500 misioneros del Camino Neocatecumenal de la costa oeste se reunieron en Modesto, California, antes y después de la experiencia misionera de una semana. (Mary McCarthy)

Más de 500 misioneros del Camino Neocatecumenal de la costa oeste se reunieron en Modesto, California, antes y después de la experiencia misionera de una semana. (Mary McCarthy)

Después de pasar una semana en las calles, los equipos misioneros se reunieron por regiones —ocho en total en todo Estados Unidos— durante dos días para compartir sus experiencias.

En Baker, Oregón, un equipo se encontró en la calle con un joven que acababa de perder a su esposa y a su hijo por nacer a causa de una sobredosis de drogas. Después de escucharlos, el joven les agradeció y confesó que, apenas unas horas antes, había decidido quitarse la vida, pero cambió de parecer al escuchar su mensaje de esperanza.

En la Diócesis de Lincoln, Nebraska, tres policías ofrecieron llevar a los misioneros en sus patrullas para ayudarlos a recorrer las enormes distancias entre las parroquias rurales que tenían programado visitar.

En Tucson, Arizona, un equipo tuvo pocas oportunidades de contactar a los sacerdotes de las parroquias, pero recibió una cálida bienvenida de unas 30 personas sin hogar en un parque, donde los misioneros durmieron tranquilamente cada noche.

En Skid Row, en Los Ángeles, a dos misioneros les asignaron la tarea de evangelizar entre las personas sin hogar en lugar de visitar parroquias. Cada día asistían a la misa de las 7 a.m. en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, rezaban la oración de la mañana ante la tumba de Santa Vibiana y pasaban el resto del día acompañando a las personas sin hogar.

“Esas personas eran mucho más sinceras que yo”, afirmó José Alfredo Lupercio, padre de tres hijos y miembro del equipo que estuvo en Skid Row. “Se abrieron con nosotros y nos contaron lo que habían sufrido en la vida. Algunos nos dijeron que consumían drogas para no pensar en su pasado”.

Al otro lado del país, los equipos de la región del Atlántico Medio fueron recibidos en Washington, D.C., para su encuentro posterior a la misión por el nuncio apostólico en Estados Unidos, el arzobispo Gabriele Caccia, quien les aseguró el “apoyo y la bendición” del papa León XIV.

“Estamos siguiendo a Jesús al hacer lo que ustedes están haciendo... y esta experiencia es una manera en la que el Señor nos da prueba y certeza de su presencia”, dijo Caccia a los misioneros. “No están solos en esta misión. Todos los bautizados, toda la Iglesia, estamos en misión, porque no podemos guardarnos para nosotros lo que hemos recibido”.

En todo el país, algunos equipos lograron reunirse de manera inesperada no solo con sacerdotes, sino también con obispos, incluso en diócesis de Iowa, Massachusetts y Virginia Occidental.

En Camden, Nueva Jersey, un grupo de tres hombres llamó a la puerta de la residencia del obispo Joseph Williams. Para su sorpresa, el obispo no solo los recibió en su casa, sino que también les preparó hamburguesas a la parrilla. Más tarde, les pidió que rezaran por él mientras oraban juntos en su capilla. Williams contó a Angelus que les impartió su bendición y también les obsequió una bolsa con artículos de la Universidad Seton Hall.

El arzobispo Gabriele Caccia, nuncio apostólico en Estados Unidos, presidió una celebración de vísperas el 14 de julio en Washington, D.C., donde escuchó las experiencias de misioneros del Camino Neocatecumenal que habían pasado una semana en misión "de dos en dos" en distintas diócesis. También impartió su bendición a matrimonios y a jóvenes que se ofrecieron como misioneros en cualquier lugar del mundo. (Cortesía de la Nunciatura Apostólica en Estados Unidos)

El arzobispo Gabriele Caccia, nuncio apostólico en Estados Unidos, presidió una celebración de vísperas el 14 de julio en Washington, D.C., donde escuchó las experiencias de misioneros del Camino Neocatecumenal que habían pasado una semana en misión "de dos en dos" en distintas diócesis. También impartió su bendición a matrimonios y a jóvenes que se ofrecieron como misioneros en cualquier lugar del mundo. (Cortesía de la Nunciatura Apostólica en Estados Unidos)

De vuelta en la isla Catalina, Miranda tuvo una idea mientras escuchaba a los jóvenes compartir sus historias de vida. ¿Y si dedicaban un par de horas a tocar puertas por la zona para anunciar la Buena Nueva a personas que encontraran al azar?

“Les dije que yo les daría de comer y los hospedaría, pero que ellos tendrían que ganárselo”, contó Miranda entre risas.

El sacerdote, nacido en México, todavía se emociona al recordar aquella visita. El encuentro le recordó el pasaje del Génesis en el que tres hombres misteriosos visitan a Abraham para anunciarle que su anciana esposa tendría un hijo al año siguiente. Miranda describió la misión como una «recarga de batería» para su ministerio.

“Les dije: ‘Ustedes no saben lo que su visita hizo en mí’”, contó Miranda a Angelus. “Estoy en una isla y aquí se siente la soledad. Pero vi en ellos a la Trinidad, la Providencia de Dios, que me decía: ‘Ánimo’, no te rindas”.

author avatar
Pablo Kay
Pablo Kay es el redactor en jefe de Angelus.