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Silicon Valley y la encíclica del Papa: “No creo que sea una prioridad para ellos”

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Pocos documentos de un sucesor de Pedro en los tiempos modernos han generado tanta repercusión mediática como Magnifica Humanitas (“Humanidad magnífica”), la esperada encíclica del Papa León XIV sobre la doctrina social católica en la era de la inteligencia artificial (IA).

Y pocas personas conocen tan bien la relación entre el Vaticano y Silicon Valley —donde se desarrolla gran parte de la tecnología de IA— como el padre Philip Larrey, profesor de filosofía en Boston College, quien durante los últimos años ha facilitado encuentros entre ejecutivos tecnológicos y líderes de la Iglesia, incluido el papa Francisco.

En una entrevista con Angelus, Larrey compartió sus reflexiones sobre Magnifica Humanitas, habló de lo que considera el principal peligro del avance de la IA y explicó por qué, hasta el momento, la respuesta de Silicon Valley a la encíclica ha sido más bien discreta.

¿Qué considera que es lo más novedoso de esta encíclica?

El marco que establece León XIV para hablar de la dignidad de la persona humana y de aquello que nos hace verdaderamente humanos. Este documento trata más sobre la doctrina social de la Iglesia que sobre la inteligencia artificial.

Los dos primeros capítulos están dedicados a la doctrina social de la Iglesia y el quinto aborda la cuestión de la guerra. En realidad, solo dos capítulos se centran en la IA, y no lo hacen de manera especialmente detallada. Hablan de la tecnología, de su creciente influencia y de cuestiones similares.

Creo que esto se debe a que, antes de abordar la relación entre el ser humano y la inteligencia artificial, el Papa considera necesario presentar la visión que la Iglesia Católica tiene de la persona humana. Además, lo hace porque ha planteado esta encíclica como una continuación de Rerum Novarum, la encíclica de León XIII sobre el capital y el trabajo.

Un ejemplar de la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas: Sobre la protección de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial, durante la presentación del documento en el Vaticano el 25 de mayo. (CNS/Lola Gómez)

¿Qué otros malentendidos existen sobre Magnifica Humanitas?

Algunos críticos han dicho que el papa León XIV es un ludita, alguien que teme a la tecnología. Otros sostienen lo contrario: que es un entusiasta de la tecnología, completamente favorable a estos avances y partidario de impulsarlos aún más. Ninguna de las dos interpretaciones es correcta.

El Papa adopta una postura muy cautelosa respecto al uso de estas herramientas. Creo que una de sus grandes fortalezas es precisamente el equilibrio con el que aborda el tema: reconoce que la IA puede poner en riesgo aspectos fundamentales de la vida humana y de su desarrollo integral, pero también reconoce que la IA ha llegado para quedarse y que debemos aprender a convivir con ella y a utilizarla adecuadamente.

En ese sentido, el hecho de que Christopher Olah, cofundador de Anthropic, lo acompañara durante la presentación del documento es muy significativo. Muestra hasta qué punto León XIV busca dialogar con la industria tecnológica y, en particular, con quienes están al frente de su desarrollo.

La presencia de Olah en la presentación llamó mucho la atención. Pero, a juzgar por sus declaraciones ese día, siguen existiendo diferencias importantes entre su visión y la del Papa. Por ejemplo, Olah pareció sugerir que las IA podrían estar mostrando indicios de introspección. ¿Es una distancia demasiado grande como para superarla?

La relación entre Anthropic y el Vaticano se remonta a unos dos años atrás. Si uno lee la constitución de 80 páginas de Claude —el chatbot de Anthropic— verá en los agradecimientos al arzobispo Paul Tighe, del Dicasterio para la Cultura y la Educación, y a Brian Patrick Green, de la Universidad de Santa Clara.

Hay que recordar que hace unos meses Dario Amodei, fundador de Anthropic y colega de Olah, afirmó que no podía descartar que Claude fuera consciente. Incluso explicó que había reconsiderado la eliminación de una versión anterior del sistema porque podría ser consciente y porque hacerlo podría atentar contra la dignidad de la máquina.

Esa postura parte de la idea de que estas máquinas poseen ya algún tipo de autoconciencia. Yo no comparto esa visión desde el punto de vista filosófico. Sin embargo, es una idea presente en ciertos sectores de la cultura de Anthropic.

Creo que es posible tender puentes, porque cuanto más avance el desarrollo de la inteligencia artificial, menos razones habrá para pensar que estos sistemas son realmente conscientes o poseen autoconciencia. Al menos, esa es mi esperanza.

La autoconciencia es algo propio del ser humano. Tiene que ver con la existencia del alma inmortal. Esta idea se remonta a Aristóteles, que ni siquiera era cristiano. Era pagano, pero comprendió esa realidad. Siglos más tarde, santo Tomás de Aquino afirmó que para la creación de un alma se necesitan un hombre, una mujer y Dios.

Veremos qué sucede. Lo que he aprendido es que lo peor que uno puede hacer es decirle a alguien en Silicon Valley que algo es imposible. Si les dices que una máquina nunca podrá ser consciente, probablemente eso sea precisamente lo que intentarán demostrar.

El papa León XIV observa con interés un “perro robot” que le fue presentado tras la audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el 27 de mayo. (OSV News/Elisabetta Trevisan, Vatican Media)

¿Qué reacción ha percibido hasta ahora entre sus contactos en Silicon Valley respecto a la encíclica?

Ninguna. Y me da pena decirlo, pero creo que muchos simplemente la pasarán por alto. En parte porque no es un documento de lectura sencilla: es bastante extenso, está repleto de citas de otros papas y está escrito en lo que yo llamo “vaticanés”, un estilo muy propio del Vaticano, con un lenguaje y una forma de expresarse que probablemente no conecten con la mayoría de las personas en Silicon Valley.

Sinceramente, no creo que la encíclica figure entre sus prioridades. Ojalá me equivoque, y quizá podamos contribuir a que la conozcan más.

Me habría gustado ver, junto a Christopher Olah en la presentación, a personas como Sam Altman, Elon Musk o Mark Zuckerberg. Menciono estos nombres porque son figuras clave en el desarrollo de la inteligencia artificial y, con toda probabilidad, su influencia seguirá creciendo en los próximos años.

Por eso me parece tan significativo que el papa León XIV haya querido abrir un diálogo con quienes lideran la industria tecnológica e involucrarlos en esta conversación. Creo que fue una iniciativa muy valiosa de su parte.

En esta fotografía de archivo de 2024, estudiantes de ingeniería de The Catholic University of America, en Washington, participan en actividades académicas. La universidad ha puesto en marcha nuevos programas de licenciatura y maestría en inteligencia artificial. (OSV News/Patrick Ryan, The Catholic University of America)

León XIV identifica varios aspectos de la vida humana que la IA podría transformar profundamente. ¿Cuál le preocupa más?

¡Todos! Uno de los que más me preocupan es la dificultad inherente de establecer vínculos afectivos o relaciones románticas con sistemas de inteligencia artificial.

Otra inquietud que plantea el Papa es el impacto en el mercado laboral y los empleos que serán reemplazados por la IA. Eso ya está ocurriendo y seguirá ocurriendo. Pero, siendo justos, también hay que reconocer que quienes trabajan en el sector llevan años advirtiéndolo, al menos desde hace cinco o seis años. No es algo que haya surgido de repente; hace tiempo que se viene alertando sobre ello y que se insiste en la necesidad de prepararse.

Probablemente, sin embargo, la preocupación más profunda sea de carácter espiritual: qué efecto tiene la IA sobre la persona humana, especialmente en su capacidad de atención y en su desarrollo a largo plazo.

Algunos psicólogos sostienen que el uso de estas tecnologías está modificando el desarrollo cerebral de los niños. En el ámbito universitario, existe un intenso debate sobre si los estudiantes deberían utilizar IA y, en caso de hacerlo, cómo garantizar que se emplee de manera adecuada.

No es una cuestión sencilla. Formo parte del comité directivo de Boston College encargado de analizar el uso de la IA, y es un tema complejo. Pero tampoco podemos ignorar la realidad: muchos estudiantes ya la utilizan de forma habitual.

Recientemente, el Massachusetts Institute of Technology publicó un estudio que señala una correlación entre un mayor uso de la inteligencia artificial y una disminución de determinadas capacidades cognitivas. Quizá parezca una conclusión evidente, pero ahora contamos con datos empíricos que la respaldan. Para quienes trabajamos en educación, eso nos ayuda a explicar a los estudiantes por qué conviene usar estas herramientas con prudencia y moderación.

Pablo Kay
Pablo Kay es el redactor en jefe de Angelus.
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Pablo Kay

Pablo Kay es el redactor en jefe de Angelus.