Retrato de Santo Tomás Moro, pintado por Hans Holbein el Joven en 1527. (Wikipedia)
Santo Tomás Moro nació en 1478, hijo de John More, un destacado abogado y juez, y de su esposa Agnes. Recibió una sólida formación clásica y, a los 13 años, se convirtió en protegido del arzobispo John Morton, lord canciller de Inglaterra. Aunque nunca ingresó al clero, con el tiempo llegaría a ocupar el mismo cargo que su mentor.
Estudió en Oxford y destacó como un verdadero hombre del Renacimiento. Dominaba varias lenguas antiguas y modernas, además de sobresalir en matemáticas, música y literatura. Sin embargo, su padre estaba decidido a que siguiera la carrera de Derecho, por lo que lo retiró de la universidad después de dos años para que se formara como abogado.
A pesar de sus talentos, Tomás atravesó un período de discernimiento vocacional. Consideró seriamente ingresar en la orden cartuja o hacerse franciscano, y practicó el ayuno, la mortificación y la oración frecuente como medios para crecer en santidad.
En 1504 fue elegido miembro del Parlamento. Poco después abandonó la idea de la vida monástica y se casó con Jane Colt, con quien tuvo cuatro hijos. Tras la muerte de Jane en 1511, volvió a casarse con Alice Middleton, una viuda que fue una esposa y madre ejemplar.
Cuando el rey Enrique VIII subió al trono en 1509, mostró gran estima por Tomás y favoreció su ascenso político. Moro llegó a formar parte del círculo más cercano del monarca y fue nombrado lord canciller. También escribió una obra en defensa de la doctrina católica contra las enseñanzas de Martín Lutero.
La relación entre ambos se quebró cuando Enrique VIII buscó la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. El Papa Clemente VII declaró válido e indisoluble ese matrimonio. En 1532, Tomás renunció al cargo de lord canciller al negarse a apoyar los intentos del rey de desafiar la autoridad papal y controlar la Iglesia en Inglaterra.
Dos años después, Enrique VIII exigió que todos sus súbditos juraran reconocer la legitimidad de su nuevo matrimonio con Ana Bolena. Negarse era considerado traición.
Tomás aceptó algunas disposiciones relacionadas con la sucesión al trono, pero se negó a respaldar la ruptura del rey con el Papa. Fue arrestado y encarcelado en la Torre de Londres, separado de su esposa y de sus hijos.
Durante quince meses, familiares y amigos intentaron persuadirlo de prestar el juramento para salvar su vida, pero él permaneció firme en su conciencia. En 1535, el rey promulgó una ley que lo proclamaba “único jefe supremo en la tierra de la Iglesia de Inglaterra”. Nuevamente, quienes se negaran a aceptarla eran considerados traidores.
Ese mismo año, Tomás fue juzgado por traición en Westminster Hall. Aunque negó haber criticado en privado la llamada Acta de Supremacía, una vez condenado expresó públicamente su oposición. Afirmó que aquella ley era contraria “a las leyes de Dios y de su santa Iglesia” y sostuvo que ningún gobernante temporal podía arrogarse la autoridad que Cristo había confiado a San Pedro y a sus sucesores.
El 6 de julio de 1535 fue condenado a morir decapitado. Antes de su ejecución pronunció unas palabras que han pasado a la historia: “Muero siendo un buen servidor del rey, pero primero de Dios.” Tenía 57 años.
Su cabeza fue exhibida en el Puente de Londres, aunque más tarde fue recuperada por su hija Margarita, quien la conservó como una reliquia de su padre.
Santo Tomás Moro fue beatificado en 1886 por el Papa León XIII y canonizado en 1935 por el Papa Pío XI. La película ganadora del Óscar Un hombre para la eternidad retrata los acontecimientos que condujeron a su martirio.