"La incredulidad de santo Tomás", de Caravaggio, hacia 1602. (Wikipedia)
Santo Tomás es conocido popularmente como el “apóstol incrédulo” por haber dudado de la resurrección de Cristo.
Antes de la Pasión, Tomás era un discípulo profundamente fiel y llegó incluso a manifestar su disposición a morir junto a Jesús cuando este decidió regresar a Judea.
Después de la Resurrección, Jesús se apareció a varios de los apóstoles, pero Tomás no estaba presente. Cuando ellos le anunciaron que el Señor había resucitado, respondió: «Si no veo en sus manos la marca de los clavos, no pongo mi dedo en ella y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Ocho días después, Jesús volvió a aparecerse y lo invitó a tocar sus manos y su costado para comprobar que era realmente Él. Entonces Tomás creyó y profesó su fe.
Según la tradición, después de ese encuentro llevó el Evangelio a Persia y Media, y más tarde evangelizó la India, donde murió mártir hacia el año 72 d. C.
Santo Tomás es el patrono de los arquitectos y los constructores.