Santa Teresa de Lisieux. (Wikimedia Commons)
Santa Teresa nació el 2 de enero de 1873 en Francia. Después de la muerte de su madre, su padre y sus hermanas mayores se hicieron cargo de su crianza. En 1886, el día de Navidad, Teresa tuvo una experiencia de profunda unión con Dios. Un año después, el papa León XIII le dio permiso para ingresar al monasterio carmelita a los 15 años.
Teresa se entregó a una vida de santidad. Tenía una confianza en Dios propia de los niños y, aunque enfrentó dificultades en el convento, procuraba realizar actos de caridad y sacrificio, por pequeños que fueran.
En su autobiografía, “Historia de un alma”, Teresa escribió que su vocación era el Amor. Había sido llamada a mostrar al mundo el amor de Dios. En 1896, enfermó de tuberculosis y ofreció sus sufrimientos como una muestra de amor a Dios. Murió un año y medio después, a los 24 años. Sus últimas palabras fueron: “Dios mío, te amo”.
El “caminito” de Teresa para amar a Dios ha inspirado a millones de personas, y se dice que ha intercedido en numerosos casos milagrosos. En 1997, el papa Juan Pablo II la proclamó Doctora de la Iglesia, 100 años después de su muerte.