San Columba, también conocido como san Columcille, es uno de los tres santos patronos de Irlanda, junto con san Patricio y santa Brígida. Debido a su intensa labor evangelizadora en Escocia, también se lo conoce como el “Apóstol de los pictos”.

Nació en el año 521 en el seno de una familia de ascendencia real. Recibió su primera formación de manos del sacerdote que lo bautizó y, más adelante, ingresó en la escuela monástica fundada por san Finiano de Movilla, donde abrazó la vida monástica y fue ordenado diácono.

Más tarde continuó sus estudios en el monasterio y escuela de san Finiano de Clonard. Allí recibió la ordenación sacerdotal y pasó a formar parte, junto con otros once discípulos, del grupo conocido como los “Doce Apóstoles de Irlanda”.

Columba también estudió con san Mobhi de Glasnevin, hasta que una epidemia lo obligó a regresar al Úlster en el año 544. Durante los quince años recorrió distintas regiones predicando el Evangelio y fundando monasterios.

En el año 563 dejó Irlanda por motivos que se desconocen. Algunas tradiciones sostienen que partió con el único propósito de anunciar la Palabra de Dios. Otras afirman que, tras verse involucrado en un conflicto entre tribus rivales, asumió la labor misionera como acto de penitencia.

Junto con sus compañeros se estableció en la isla de Iona, frente a la costa noroeste de Escocia, donde levantó un sencillo monasterio y una pequeña iglesia. Su primera misión tuvo lugar en la región de Dalriada, donde los cristianos celtas necesitaban una formación más sólida en la fe.

Posteriormente se dedicó a evangelizar a los pictos del norte de Escocia, una tarea que ocuparía gran parte de su vida. La tradición cuenta que logró entrar en la fortaleza del rey Brude cuando las puertas, cerradas hasta entonces, se abrieron milagrosamente al hacer la señal de la cruz. El rey creyó en el Evangelio y recibió el bautismo.

Durante los treinta años siguientes, Columba continuó evangelizando el norte de Escocia. Él y sus compañeros encontraron resistencia por parte de los druidas paganos, pero lograron establecer una red de iglesias y monasterios y extender la fe católica.

Con el tiempo, el monasterio de Iona se convirtió en un importante centro de peregrinación para quienes buscaban el consejo espiritual y las oraciones del santo. Columba mantuvo siempre una estrecha relación con la Iglesia de Irlanda y viajó con frecuencia entre ambos territorios hasta que la edad ya no se lo permitió. Aun en sus últimos años conservó una vida marcada por la oración, el ayuno y el estudio.

Después de impartir una última bendición a su monasterio el 8 de junio de 597, san Columba falleció durante la madrugada del día siguiente.

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Angelus Staff