San Calixto I es recordado como santo y mártir el 14 de octubre. Dado que no existen relatos biográficos confiables sobre su vida, los historiadores se basan en un escrito de su contemporáneo Hipólito de Roma.
Con el tiempo, Hipólito también fue canonizado como mártir, pero durante muchos años se opuso abiertamente al pontificado de Calixto y al de tres de sus sucesores, hasta el punto de convertirse en el primer antipapa. A pesar de esta rivalidad, su relato sobre la vida y el pontificado de Calixto contiene información importante.
Calixto comenzó su trayectoria como sirviente doméstico y, con el tiempo, quedó a cargo del negocio bancario de su amo. Cuando el banco quebró, su dueño lo responsabilizó del fracaso. Calixto intentó huir, pero terminó relegado a realizar trabajos manuales en Roma.
Más adelante, fue enviado a trabajar en las minas, posiblemente durante una persecución contra los cristianos. Finalmente, el papa san Víctor I consiguió su liberación. Durante el pontificado de su sucesor, san Ceferino, Calixto fue ordenado diácono y recibió la responsabilidad de administrar un importante cementerio, que todavía hoy lleva su nombre: las catacumbas de San Calixto. También asesoraba al Papa sobre las principales controversias de la época y, cuando Ceferino murió en 219, Calixto fue considerado su sucesor natural.
Hipólito acusó a Calixto de simpatizar con los herejes y cuestionó su postura de que incluso los pecados más graves podían ser perdonados tras una confesión sincera. La defensa que Calixto hacía de la misericordia divina también provocó el rechazo de Tertuliano.
Aunque Calixto no logró convencer a Hipólito y a sus seguidores de la legitimidad de su autoridad, la Iglesia siempre ha reconocido la ortodoxia y la santidad de Calixto como Papa y santo. Su muerte, ocurrida en el año 222, se atribuye a un grupo de paganos hostiles a los cristianos.
