Santa Juana de Arco representada a caballo en una ilustración de un manuscrito de 1504. (Wikipedia)
Santa Juana de Arco nació en una familia campesina de Lorena, Francia, en el siglo XV. Cuando era niña, comenzó a escuchar las voces de san Miguel, santa Catalina y santa Margarita. En 1428, a los 13 años, tuvo una visión en la que recibió la misión de acudir ante el rey de Francia y ayudarlo a recuperar su reino, que se encontraba bajo el dominio de Inglaterra y Borgoña.
A pesar de la oposición que encontró, Juana logró convencer a miembros de la corte y de la Iglesia para que le confiaran un pequeño ejército. Lo condujo a la batalla portando un estandarte con los nombres de «Jesús» y «María» y una imagen del Espíritu Santo.
Durante el sitio de Orleans, en 1429, su profunda fe en Dios y su capacidad de liderazgo resultaron decisivas. Después obtuvo varias victorias que permitieron al rey llegar a Reims para ser coronado, con Juana a su lado.
En mayo de 1430, Juana fue capturada por el ejército borgoñón. Como el rey y sus tropas no hicieron ningún intento por rescatarla, fue entregada a los ingleses. Pasó un tiempo en prisión antes de ser llevada a juicio, presidido por el obispo Pedro Cauchon de Beauvais, quien esperaba ganarse el favor de los ingleses y obtener su apoyo para ser nombrado arzobispo.
En el juicio fue declarada culpable de herejía, brujería y adulterio, y condenada a muerte. El 30 de mayo de 1431, cuando tenía apenas 19 años, fue quemada en la hoguera en Ruan, Francia.
Treinta años después de su muerte, el caso fue reabierto y Juana fue rehabilitada. En 1920, el papa Benedicto XV la canonizó. Hoy es patrona de Francia, de los cautivos, de los soldados y de quienes son objeto de burlas por vivir su fe.