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En su canción “If We Were Vampires” (Si fuéramos vampiros), el compositor estadounidense Jason Isbell compara las relaciones humanas con una vida hipotética en la que los amantes no enfrentaran la muerte física, como si fueran vampiros.

“Si fuéramos vampiros y la muerte fuera un chiste / saldríamos a la calle a fumar / nos reiríamos de todos los enamorados y sus planes / no sentiría la necesidad de tomarte la mano”, canta el narrador.

Hacia el final, el narrador comprende que la finitud humana no es un problema a resolver, sino un bien que se debe acoger. “Quizás el tiempo que se acaba es un regalo / trabajaré duro hasta el final de mi turno / y te daré cada segundo que encuentre / y esperaré que no sea yo quien se quede atrás”.

Isbell sugiere que saber que somos finitos y dependientes nos impulsa a buscar vínculos humanos que de otro modo no buscaríamos. En otras palabras, somos a la vez limitados por naturaleza y dependientes de la compañía de los demás.

En su encíclica de 42.300 palabras Magnifica Humanitas (“Humanidad magnífica”), el Papa León XIV profundiza en estas implicaciones, así como en la forma en que la inteligencia artificial (IA), cuando se desarrolla sin una base humana sólida, tiende en gran medida a negar esta realidad.

Entre otros temas, la encíclica subraya que las limitaciones y la dependencia humanas no son defectos a superar, sino oportunidades para un auténtico florecimiento humano. Por el contrario, la negación de la dependencia presente en la IA y en las teorías transhumanistas conduce a la deshumanización.

Las “cosas nuevas” de hoy

Como era de esperarse, la primera encíclica de León XIV se presenta como una continuación moderna de Rerum Novarum (“De las cosas nuevas”) de León XIII, promulgada en mayo de 1891 en otro momento de cambios históricos profundos. En aquel entonces, las “cosas nuevas” a las que se refería León XIII no eran las enseñanzas de la Iglesia, sino los efectos del rápido desarrollo de la tecnología industrial. La Iglesia debía aplicar su sabiduría milenaria a los nuevos problemas y desafíos surgidos de la transformación tecnológica e industrial, especialmente cuando nuevas teorías económicas, sociales y políticas ofrecían una especie de sustituto de la religión.

Esta es la pintura de 1563 de Pieter Bruegel, La torre de Babel. En Magnifica Humanitas, el papa León XIV señala que la humanidad “hoy se enfrenta a una decisión clave: construir una nueva torre de Babel o levantar la ciudad en la que Dios y el hombre habiten juntos”. (OSV News/cortesía del Kunsthistorisches Museum)

Esta es la pintura de 1563 de Pieter Bruegel, La torre de Babel. En Magnifica Humanitas, el papa León XIV señala que la humanidad “hoy se enfrenta a una decisión clave: construir una nueva torre de Babel o levantar la ciudad en la que Dios y el hombre habiten juntos”. (OSV News/cortesía del Kunsthistorisches Museum)

Al igual que León XIII, el actual pontífice aplica la enseñanza histórica de la Iglesia a los desafíos que plantea el rápido avance tecnológico. Aunque los problemas son nuevos, la doctrina es tan venerable —y tan vigente— hoy como en 1891.

Considero que el mensaje más importante de esta encíclica está en su respuesta al relato que la inteligencia artificial y la tecnología digital intentan construir sobre las limitaciones y debilidades humanas. Magnifica Humanitas sugiere que, como los modernos arquitectos de la Torre de Babel, los teóricos e ingenieros de la IA a menudo están marcados por la soberbia de creer que pueden construir una torre hacia Dios y, con ello, hacia la inmortalidad, la omnisciencia y la omnipotencia. Pero estas afirmaciones orgullosas niegan la finitud y la contingencia del ser humano.

“No podemos considerar la IA como moralmente neutra", explica el papa. "En realidad, toda herramienta técnica incorpora decisiones y prioridades en lo que mide, ignora y optimiza, y en cómo clasifica a las personas y las situaciones” (sección 104).

Por ello, continúa, “el discernimiento ético no puede limitarse a preguntarse si usamos un sistema para fines buenos o malos; también debe examinar cómo está diseñado ese sistema y qué visión de la persona humana y de la sociedad está incorporada en los datos y modelos que lo sustentan” (104).

¿Qué es una persona?

La consideración más importante en cualquier discusión sobre la inteligencia artificial es la naturaleza de la persona humana y, por lo tanto, aquello que contribuye a su desarrollo y florecimiento.

Al igual que León XIII en 1891, la respuesta a la pregunta "¿qué es la persona humana?" se convierte en el principio rector de todo avance y uso de la tecnología. Rerum Novarum subrayaba que el empleador debe «respetar en todo hombre su dignidad como persona" (20). En mi opinión, el desarrollo que hace León XIV de esta idea en su reflexión sobre el “transhumanismo” en Magnifica Humanitas es la contribución más importante de la nueva encíclica.

"Desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia", escribe, "la cuestión clave no es el uso de la tecnología en sí mismo, sino la visión que lo sustenta" (118). ¿Se trata de la visión de Babel, en la que creemos poder superar la finitud y la contingencia humanas, pero al mismo tiempo dejamos de lado la compasión, la empatía y la vulnerabilidad? ¿O de una visión que reconoce la finitud y la contingencia inherentes al ser humano?

La finitud y la contingencia no son problemas que deban superarse, sino realidades que han de ser acogidas, afirma León XIV.

La empresa tecnológica china Honor presenta su tecnología contra los “deepfakes” antes del Mobile World Congress en Barcelona, España, el 2 de marzo de 2025. (OSV News/Bruna Casas, Reuters)

La empresa tecnológica china Honor presenta su tecnología contra los “deepfakes” antes del Mobile World Congress en Barcelona, España, el 2 de marzo de 2025. (OSV News/Bruna Casas, Reuters)

“Es precisamente en nuestro ser limitados” donde aprendemos “la compasión, la sincera preocupación ante las necesidades de los demás, la generosidad que sorprende incluso en medio de la oscuridad y el fracaso, la experiencia espiritual y la adoración a Dios” (119).

“Aun cuando el límite se manifiesta como dolor interior, la sensatez humana enseña a no negarlo ni eliminarlo, sino a integrarlo” (120).

En sintonía con Jason Isbell, el papa escribe: “Eliminar  totalmente el dolor sería necesario, a fin de cuentas, apagar también el amor y el deseo” (120).

Así, León XIV cuestiona la presunción defectuosa de la inteligencia artificial y la ideología transhumanista: que la finitud, la dependencia y la contingencia son enemigos que deben ser superados, en lugar de dones que deben ser acogidos.

“La finitud, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro”, explica. Es precisamente porque experimenta el límite —la vulnerabilidad, el dolor, el fracaso— que puede reconocer la dignidad propia y ajena como inviolable” (122).

El papa no niega la bondad de la tecnología, incluida la inteligencia artificial y otras formas de tecnología digital. Pero estas herramientas no son moralmente neutras: están construidas a partir de las decisiones morales de sus creadores. Si la ideología subyacente es la de “superar” la interdependencia natural del ser humano, el resultado será la degradación humana.

Aunque “es justo esforzarse por aliviar el sufrimiento que marca la vida humana” (118), esta tecnología debe estar enraizada y al servicio de la verdad sobre la persona humana, incluidas sus limitaciones.

“La humanidad florece no a pesar de sus limitaciones, sino muchas veces a través de ellas”, escribe León.

¿Cuál es la esencia de la maravillosa encíclica Magnifica Humanitas? La respuesta es la misma que en Babel, en el Génesis 11: Dios es Dios y nosotros no somos Él.

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Kenneth Craycraft