El padre John J. Ferrence, también agustino, eleva el cáliz durante una Misa celebrada por el padre William Atkinson en la escuela secundaria Monsignor Bonner, en Drexel Hill, Pensilvania. Un accidente en trineo dejó al padre Atkinson paralizado de los hombros hacia abajo. (Foto de CNS/Danielle Shields, Catholic Standard and Times)
Octubre es reconocido oficialmente en Estados Unidos como el Mes Nacional de Concientización sobre el Empleo de las Personas con Discapacidad.
El lema de este año es “Celebrar el valor y el talento”.
Para ilustrarlo, quisiera compartir dos ejemplos.
El venerable Luigi Rocchi (1932-1979) padecía distrofia muscular y, a pesar de sus graves limitaciones físicas, llegó a ser conocido por su capacidad para consolar a los demás, brindar orientación espiritual y ofrecer su amistad.
Nació en Roma y creció en el norte de Italia, donde vivió toda su vida con sus padres: su padre, mecánico, y su madre, ama de casa. Los primeros signos de su discapacidad aparecieron durante la escuela secundaria. A los 20 años ya necesitaba una silla de ruedas. Al ver desvanecerse sus sueños de casarse y formar una familia, atravesó una prolongada crisis espiritual. A los 28 años, tenía las manos y los pies paralizados y había perdido por completo la movilidad.
Tiempo después, escribiría sobre aquella etapa: “Hace unos ocho años encontré un crucifijo viejo, roto y sucio. Lo hice reparar y limpiar, y le pasé aceite a la madera para renovarla. Lo colgué en mi habitación. Una noche… de repente, el crucifijo irradió una luz intensa que llenó la habitación y llegó hasta lo más profundo de mi corazón, dándome una paz profunda y una serenidad sin igual. Desde aquel día, siento que salí de un bosque oscuro”.
El Señor era el empleador de Luigi. Desde su cama, recibía un flujo constante de visitantes que acudían a él en busca de orientación espiritual. Con la ayuda de una varilla sujeta a la frente, tecleó en su fiel máquina de escribir más de 1.700 cartas con consejos espirituales.
Acompañado por su madre, que se ocupaba de cuidarlo y atender sus necesidades, realizó dos peregrinaciones: una a Lourdes, para rezar por sus amigos de todo el mundo que sufrían, y otra a Loreto, para visitar la casa de la Santísima Virgen.
Se refería a los pobres y oprimidos del Tercer Mundo como “crucifijos vivientes” y unía sus propios sufrimientos a los de ellos.
Monseñor Ersilio Tonino, antiguo arzobispo italiano, escribió sobre él: “Lo conocí muy bien y, desde el primer momento, quedé cautivado por él. Dos aspectos me impresionaron especialmente: la serenidad de Luigi y su deseo de no despertar compasión. […] Pero hay otra característica: su necesidad de compartir su felicidad y de alentar a los demás a cultivar una relación profunda con Dios, para que también ellos encontraran la felicidad en medio del dolor. […] Puedo decir que Luigi fue una de las almas más hermosas que he conocido en mi vida”.
“¿Cuál es el secreto de mi alegría?”, comentó una vez. “Tengo sed de Dios. ¡Mucha sed de Dios!”.
El siervo de Dios, el padre William E. Atkinson, OSA (1946-2006), nuestro segundo ejemplo, fue la primera persona con cuadriplejia en ser ordenada sacerdote católico.
Durante su juventud, Bill fue monaguillo y se destacó en los deportes en su ciudad natal, Filadelfia. Su hermano Al llegó a ser una figura destacada del fútbol americano en la Universidad de Villanova y firmó un contrato con los New York Jets. En medio de la agitación social y espiritual de mediados de la década de 1960, Bill tomó otro camino e ingresó al noviciado de la Orden de San Agustín, en New Hamburg, Nueva York.
A los seminaristas les gustaban mucho los deportes. El 22 de febrero de 1965, el trineo en el que Bill se deslizaba se salió del camino y chocó contra un árbol. Lo trasladaron al Hospital St. Francis, en Poughkeepsie. El diagnóstico: fractura de cuello y una grave lesión de la médula espinal.
Le administraron la extremaunción. El maestro de novicios, el padre Krupa, le preguntó si deseaba profesar sus votos temporales. Bill respondió que sí.
Una vez estabilizado, tuvo que aceptar que, paralizado del cuello para abajo, nunca volvería a caminar. Además, solo podía mover de manera limitada la cabeza, los hombros, el cuello y los brazos.
Convencido de que Dios lo había llamado a esta nueva etapa de su vida, se sometió a un intenso proceso de rehabilitación y luego regresó al seminario, como un acto de obediencia y fe.
Antes de la aprobación de la Ley de Estadounidenses con Discapacidades, la Universidad de Villanova no ofrecía adaptaciones especiales. Bill usaba una silla de ruedas eléctrica y escribía sus trabajos letra por letra, a veces con un lápiz sostenido entre los dientes para pulsar las teclas. Consideraba que las personas que lo cuidaban día y noche eran enviados directamente por Dios.
El Código de Derecho Canónico de 1917 establecía que las personas con parálisis no podían ser ordenadas sacerdotes, salvo que recibieran una dispensa especial.
“Mi condición física deja en claro que el Señor me llama a una vocación muy especial, estrechamente unida a su propia Cruz”, escribió Bill al papa Pablo VI. “Estoy convencido de que, en esta época moderna, en la que la dignidad de la vida humana se mide únicamente por la productividad y se pretende eliminar el sufrimiento a toda costa, debemos anunciar a Cristo crucificado más que nunca. Creo que mi propio testimonio ante el mundo del amor misterioso de Dios, que obra a través de mi debilidad, puede ser de gran ayuda para quienes carecen de fe y de esperanza en un mañana mejor. […] Que no se haga mi voluntad, sino la suya”.
Sin saber si algún día podría llegar a ser sacerdote, profesó sus votos simples como fraile agustino el 20 de julio de 1970 y sus votos solemnes el 20 de julio de 1973.
Menos de dos semanas después, llegó una carta del Vaticano que decía: “Se concede la dispensa para Atkinson”.
Fue ordenado sacerdote el 2 de febrero de 1974 en la parroquia de su infancia y celebró su primera Misa al día siguiente.
El padre Bill enseñó durante casi 30 años en la escuela secundaria Monsignor Bonner, en Upper Darby, Pensilvania. También celebraba bodas, bautismos y funerales.
Murió a los 60 años y su causa de canonización se abrió oficialmente en 2017. En YouTube se puede ver el documental de media hora ExtraORDINARY: The Bill Atkinson Story.