El mes pasado, la Corte Suprema de Estados Unidos dio otro paso importante en favor de una realidad biológica evidente al resolver el caso West Virginia v. B.P.J. El tribunal determinó que los estados pueden proteger a las niñas y mujeres para que no tengan que competir en eventos deportivos ni compartir espacios íntimos con personas de sexo masculino.
Esta decisión llega después del fallo emitido el año pasado en United States v. Skrmetti, en el que la Corte respaldó el derecho de los estados a limitar ciertos tratamientos médicos para menores con disforia de género.
Estos fallos sugieren que la tendencia podría estar cambiando respecto a uno de los experimentos culturales más controvertidos de las últimas décadas en Estados Unidos.
Sin embargo, todavía queda mucho por hacer para que la sociedad vuelva a reconocer una realidad que resulta evidente: que hombres y mujeres son biológicamente distintos.
El voto disidente de la jueza de la Corte Suprema Ketanji Brown Jackson en el caso más reciente refleja los errores fundamentales que ha cometido el movimiento en favor de la ideología de género.
Como algunos recordarán, durante la audiencia de confirmación de la magistrada, un senador de Tennessee le preguntó: “¿Puede ofrecer una definición de la palabra “mujer”?”. Jackson respondió: “No puedo… no en este contexto; no soy bióloga”.
Su respaldo a la ideología de género durante su desempeño en la Corte contradice esa respuesta. Jackson considera que una mujer es quien se identifica como tal.
En otras palabras, ser mujer dependería de una decisión personal y de la forma en que cada individuo se presenta ante la sociedad, ya sea en un escenario público, en una cancha deportiva o en un baño. Al menos durante su audiencia, Jackson tenía razón sobre una cosa: “definitivamente no es bióloga”.
Lamentablemente, ahora es una mujer muy poderosa e influyente. Una voz que fortalece la postura de estados como California, donde se sigue sometiendo a menores a tratamientos con bloqueadores de la pubertad, hormonas del sexo opuesto e incluso cirugías genitales.
Desde esa posición de influencia, también respalda a los estados que continúan permitiendo que personas de sexo masculino compitan en deportes femeninos, una política de California que el reciente fallo de la Corte Suprema no modifica.
En su voto disidente en West Virginia v. B.P.J., Jackson se refiere al demandante como una "niña transgénero" que está "en una situación comparable a la de las niñas cisgénero". Defiende el derecho de ese joven a competir en deportes femeninos, después de haber superado a más de 470 niñas en distintas competencias y de haber ganado campeonatos con facilidad. Porque, al parecer, considera que su identidad femenina es real. Una vez más, no es bióloga.
En su opinión concurrente, el juez Clarence Thomas ofrece una respuesta contundente a la confusión que refleja el razonamiento de la jueza Jackson. Thomas se sumó plenamente a la opinión mayoritaria, al afirmar que las categorías deportivas basadas en el sexo son indispensables para garantizar la equidad competitiva y la seguridad, y que la palabra "sexo" en la legislación federal significa precisamente eso: el sexo biológico, y no los sentimientos o la identidad de género de una persona.
Pero Thomas fue aún más lejos y expresó con claridad una verdad que incluso los niños pequeños comprenden de manera intuitiva y que todas las culturas han reconocido a lo largo de la historia.
“Los hombres y los niños con disforia de género no son mujeres ni niñas, aunque crean que lo son. El sexo es una característica biológica inmutable; es binario; y los términos ‘hombre’ y ‘mujer’, ‘niño’ y ‘niña’, corresponden a los adultos y menores de cada sexo”.
Para mí, estas son palabras hermosas que deberían proclamarse en todos lados hasta que la locura de la ideología de género desaparezca por completo. Y la razón está en la frase siguiente del juez Thomas:
“Utilizar el lenguaje para ocultar la realidad, para mostrar ‘indiferencia hacia la verdad’, es mentir al público y dejar de tratar a nuestros conciudadanos ‘como iguales’”.
Eso fue lo que hizo la jueza Jackson durante su audiencia de confirmación y lo que ha seguido haciendo desde el estrado en este tema: mostrar indiferencia hacia la verdad. No nos trata como iguales, sino como piezas de un juego ideológico con consecuencias mortales.
La naturaleza binaria e inmutable del sexo, la maravillosa diferencia entre el hombre y la mujer, cuya complementariedad da origen a la familia, la delicadeza de la feminidad y la fortaleza de la masculinidad son verdades inquebrantables.
Estas verdades sobrevivirán a todas las filosofías políticas y a todas las visiones distorsionadas del mundo, porque están inscritas en nuestro ADN por el mismo Dios, quien dispuso que las leyes de la naturaleza reflejaran el deseo de su corazón para el hombre y la mujer, plenamente vivos.
