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La “Niña del napalm” y su camino hacia el cristianismo

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Probablemente sea una de las imágenes más impactantes y recordadas de la Guerra de Vietnam: una niña de 9 años, desnuda y con graves quemaduras de napalm, corriendo desesperada por una calle de una aldea vietnamita.

La fotografía, tomada el 8 de junio de 1972, se hizo mundialmente famosa bajo el nombre “El terror de la guerra” y también como “La niña del napalm”.

La pequeña había sido víctima de un trágico error de la Fuerza Aérea de Vietnam del Sur. Un bombardeo dirigido contra tropas norvietnamitas cayó por equivocación sobre la aldea de Trảng Bàng, donde Kim y su familia llevaban tres días refugiados en un templo local, escondiéndose del Viet Cong.

La niña sobrevivió. Y su nombre es Kim Phuc Phan Thi.

Hoy cuenta su historia en el libro Fire Road: The Napalm Girl’s Journey through the Horrors of War to Faith, Forgiveness, and Peace, donde relata el horror de la guerra y su camino hacia la fe, el perdón y la paz.

Kim Phuc Phan Thi nació el 6 de abril de 1963 y vivió una infancia feliz junto a sus hermanos. Su madre administraba un exitoso restaurante de sopas y la familia vivía en una espaciosa casa rodeada de flores, pájaros y árboles frutales.

Pero la guerra comenzó a acercarse cada vez más a su aldea. Durante las noches, soldados del Viet Cong merodeaban la zona, cavaban túneles y pedían alimentos y suministros.

Por temor a los combates, la familia buscó refugio junto a otros vecinos en un templo caodaísta del pueblo. La mañana del 8 de junio de 1972, las bombas empezaron a caer. Soldados de Vietnam del Sur les ordenaron salir corriendo del templo. “Segundos después vi un avión acercándose… las bombas parecían descender lentamente. Había algo aterrador en esos recipientes”, recordó Kim.

Aquello era napalm, una sustancia incendiaria a base de petróleo utilizada en bombas y lanzallamas, capaz de generar incendios devastadores y causar quemaduras graves

Nick Ut, el fotógrafo de AP reconocido por haber tomado la imagen, recordó en 2017 en una entrevista con NBC News: “Miré por el visor de mi cámara y vi a la niña corriendo entre el humo negro. Pensé: ‘¿Por qué no tiene ropa?’. Entonces corrí y empecé a tomar muchas fotos”.

(Un documental estrenado en 2025, The Stringer, sostiene que otro fotógrafo habría capturado la imagen. Associated Press rechaza esas afirmaciones).

Kim Phuc Phan Thi sufrió quemaduras graves en más del 30% de su cuerpo. Un soldado intentó apagar las llamas arrojándole agua, pero el napalm reaccionó y el fuego volvió a encenderse.

Después de tomar las fotografías, Ut llevó a Kim y a otros niños heridos en el ataque a un hospital en Saigón.

Con los años, Kim comenzó a llamarlo cariñosamente “Tío Ut”, y los unió una amistad que duró toda la vida.

Lo que siguió fueron décadas de sufrimiento, dolor, sueños frustrados, trabas burocráticas y conflictos familiares. Kim Phuc Phan Thi estudió farmacología en Cuba, se casó con un hombre de Vietnam del Norte llamado Bui Huy Toan, y más tarde huyó a Canadá. Allí, tras descubrir el Nuevo Testamento, abrazó la fe cristiana y entregó su vida a Jesús, una decisión que provocó el rechazo de su madre.

Hoy Kim es embajadora de buena voluntad de la UNESCO, da conferencias alrededor del mundo y dirige la Kim Phuc Foundation International, organización que brinda apoyo médico y psicológico a niños afectados por la guerra. Con los años, sus padres y hermanos también se convirtieron al cristianismo.

Aunque los médicos le dijeron en un principio que las quemaduras le impedirían tener hijos, Kim llegó a ser madre de dos varones. Existe una segunda fotografía muy conocida junto a su primer hijo, Thomas: se la ve de espaldas, con las cicatrices cubriendo gran parte de su piel, en contraste con la suavidad de la piel del bebé. La imagen, tomada en 1994, transmite una sensación de paz y reconciliación.

Pero alcanzar esa paz y poder sostenerla cada día fue un verdadero camino de lucha interior. Las páginas más conmovedoras de su libro relatan el largo y doloroso proceso de perdonar a las personas y a las instituciones que la habían herido. En ese recorrido, escribe, Cristo fue siempre su guía.

Las cicatrices y el dolor físico siguen presentes. Mientras recibía modernos tratamientos láser en Miami durante la escritura del libro, Kim confesó: “Ni siquiera los mejores medicamentos logran aliviar más del 30% del dolor. El otro 70% lo sigo sintiendo. Es como si estuviera sobre una parrilla, quemándome lentamente”.

En distintos videos de YouTube puede verse la serenidad y dulzura con la que comparte su testimonio. Uno de los más conocidos, producido por la Sociedad Bíblica Canadiense, se titula “¿Cómo encontró esperanza en la Escritura la ‘Niña del napalm’?”.

“La verdad es que todos somos hijos de la guerra, aunque nunca hayamos visto caer una bomba del cielo”, escribe Kim. “Dentro de cada uno se libra una batalla, y lo que está en juego es nuestra alma”. También asegura que Dios le mostró que toda persona conoce, de alguna manera, el sufrimiento y las heridas que no pueden borrarse. “Diles que yo les daré fuerzas para soportar su dolor”, siente que el Señor le repite cada día. Aunque tuvo que renunciar a su sueño de ser médica, Kim cree que sanar el alma puede ser tan importante como sanar el cuerpo. “Considero que es una tarea noble”, concluye.

Heather King
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Heather King