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En el curso de esta semana, contaremos con un nuevo beato estadounidense, ya que el arzobispo Fulton J. Sheen será beatificado el día 24 de septiembre, en San Luis.

Sheen fue una figura fascinante, un filósofo de inteligencia clara que se formó en universidades de primer nivel de Europa y que llegó a ser un pionero de la comunicación católica pues utilizó los medios de comunicación masiva de su tiempo para evangelizar y explicar la fe católica a creyentes y no creyentes.

Entre los años 1930 y 1950, estuvo a cargo de un programa de radio de la cadena NBC, titulado “The Catholic Hour” (La hora católica) y, posteriormente de un programa semanal de televisión, transmitido en horario estelar llamado “Life Is Worth Living” (Vale la pena vivir) emitido, primero, por la cadena Dumont y más adelante, entre los años1952 y 1957, por la cadena ABC.

Fue, en sus días, el católico más conocido de Estados Unidos. Sin embargo, gran parte de su trayectoria se desarrolló en un país que —aun siendo el nuestro—difícilmente reconoceríamos en la actualidad.

En aquel entonces, los “medios de comunicación” eran la televisión, la radio, los periódicos, las revistas y los libros. Había tres cadenas de televisión, las cuales emitían su programación en blanco y negro. Sheen falleció en 1979, mucho antes de la llegada de internet y de las redes sociales.

Además, Sheen llegó a la mayoría de edad en la generación de la posguerra, una época en la que las principales instituciones de la vida estadounidense —los medios de comunicación, las universidades, los partidos políticos y los líderes empresariales y comunitarios— profesaban lealtad hacia los valores y creencias judeocristianos sobre el matrimonio, la familia, el patriotismo y los valores cívicos.

Aquella era una época en la cual una cadena de televisión le dedicaba tiempo de emisión a un programa sin guion, conducido por un obispo católico —vestido con sotana negra y muceta episcopal roja— que escribía en un pizarrón y recorría el escenario sin notas, hablando sobre Jesús y sobre la dirección que iba tomando la sociedad estadounidense.

Y era un tiempo en el cual aquel sacerdote lograba atraer a una audiencia de más de 30 millones de personas cada semana, llegando así a ganar el galardón más prestigioso del medio, es decir, un premio Emmy, dentro de la categoría de la “Personalidad más destacada de la televisión”.

Pero Fulton Sheen fue mucho más que una simple voz de una época ya desaparecida pues su mensaje y su llamado siguen siendo aún vigentes. Me alegra sobremanera el hecho de que una generación de católicos más jóvenes lo hayan adoptado.

Al verlo hoy en día, nos damos cuenta de que estamos ante un auténtico profesional de los medios, un comunicador nato, un animador, en el mejor sentido de la palabra, que poseía un don para lo dramático y cuyas bromas y humor aparecían siempre en el momento más adecuado.

No había nada superficial en sus intervenciones; Sheen era un hombre con una fe profunda, que empleaba sus dones para presentar las realidades más serias y urgentes ante un público masivo, hablando, por ejemplo, de la soledad, del amor, de la revolución sexual, de la formación del carácter, del pecado y el arrepentimiento, del capitalismo y el comunismo, del dolor y el sufrimiento, de la muerte y el juicio, y de la realidad del cielo.

Estos temas cobran aún más relevancia en nuestro tiempo, porque el consenso de la posguerra se ha perdido hace ya mucho tiempo, y Estados Unidos se ha convertido en una sociedad secularizada, en la que las instituciones más selectas muestran indiferencia hacia la religión.

Me gusta imaginarme que, si Sheen viviera en nuestros días, estaría buscando aprovechar todas las nuevas plataformas mediáticas para llegar a la gente, para difundir así la alegría del Evangelio. Y es precisamente eso lo que estamos tratando de hacer aquí con LACatholics, con Angelus y con mis propios canales en las redes sociales.

Los que trabajamos con los medios católicos de comunicación vamos tras los pasos del beato Fulton Sheen.

Me parece que la clave del éxito de Sheen —así como de su continuada influencia y relevancia— residía en la hora que pasaba cada día ante el Santísimo Sacramento.

La Eucaristía le confería una perspectiva sobrenatural de esperanza, algo que a menudo brilla por su ausencia en los medios de comunicación actuales. Él se resistía a la tentación de dividir a las personas, de señalar enemigos, de propagar chismes o de lanzar acusaciones.

“Nuestro mundo está lleno de profetas de la desesperanza, y yo sería uno de ellos si no creyera realmente en Dios”, decía él.

Sheen nunca tomaba una actitud de superioridad al hablar con los demás, sino que buscaba, más bien, alentar a la gente. Nunca atenuó las enseñanzas de la Iglesia ni evitó abordar la difícil cuestión de la necesidad que tenemos de conversión.

No buscaba ser el centro de atención y se presentaba como un simple mensajero. Tenía, además, el don de transmitir bellas verdades por medio de expresiones breves y fáciles de recordar:

“Solo cuando somos pequeños podemos descubrir cosas grandes”.

“Vale la pena vivir cuando vivimos cada día para acercarnos más a Dios”.

Éste sigue siendo el mensaje que la gente necesita escuchar actualmente, y debería ser el mensaje de fondo en todo lo que comunicamos en línea y en las redes sociales: vale la pena vivir, y la felicidad se encuentra cuando se llega a conocer al Dios vivo.

Como nuestro nuevo beato decía: “El motivo de tu falta de felicidad no es la carencia de fortuna, de una posición elevada, de fama o de vitaminas suficientes; no se debe tampoco a que te falte algo fuera de ti mismo, sino a que te falta algo en tu interior... Fuiste creado para la felicidad perfecta y ésa es tu meta. No es, pues, raro que todo lo que no sea Dios te decepcione”.

Oren por mí y yo oraré por ustedes.

Y pidámosle a santa María, nuestra Santísima Madre, que ella nos ayude a todos a que crezca nuestro deseo de alcanzar esa felicidad perfecta que es nuestro objetivo.

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Arzobispo José H. Gomez

El Reverendo José H. Gomez es el arzobispo de Los Angeles, la comunidad católica más grande del país. También se desempeña como Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

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