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Ahora que escribo esto, estamos haciendo los preparativos finales para UnaVida LA, esa procesión y festival familiar que hacemos cada año y que celebra la alegría y la belleza de la vida humana.

La procesión de este año tendrá lugar el 24 de enero en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, y los eventos del día concluirán con nuestra Misa anual de Réquiem por los No Nacidos.

El motivo de haber fundado UnaVida LA fue rememorar ese oscuro día de la historia de nuestra nación en el que la Corte Suprema legalizó el aborto en su decisión Roe v. Wade del 22 de enero de 1973.

Con UnaVida LA, queremos inspirar un nuevo movimiento cultural que cree que todo ser humano es sagrado, que fue creado a imagen de Dios y dotado de dignidad y derechos que la sociedad debe proteger y promover, desde el momento en que una persona es concebida en el seno materno hasta el momento en que su vida llega a su fin natural.

A lo largo de los años, hemos compartido esta hermosa perspectiva con miles de nuestros prójimos, ayudándoles a comprender que la defensa de la vida es un proceso continuo, que empieza con el niño inocente en el seno de su madre y se extiende a toda persona, especialmente a los más vulnerables de la sociedad, como son los encarcelados, los inmigrantes, los ancianos y enfermos, los discapacitados y moribundos y los pobres.

En los 12 años transcurridos desde que lanzamos la campaña UnaVida LA, los desafíos para construir una cultura de la vida no han hecho más que aumentar, a pesar de que la Corte Suprema finalmente derogó Roe en su decisión Dobbs v. Jackson, de 2022.

Desde el caso Dobbs, empezamos a darnos cuenta de que nos llevará una generación o más el poder reparar el daño moral causado por 50 años de aborto legal, que confundieron las conciencias y comprometieron a las principales instituciones y al sistema médico de nuestro país.

Roe normalizó la eliminación de vidas humanas inocentes. Casi todas las personas que viven hoy actualmente han crecido con la expectativa de que el aborto estaría ampliamente disponible y con la suposición de que el niño que está en el seno materno no tiene ni valor ni derechos inherentes.

Esta mentalidad continúa impulsando acontecimientos preocupantes que amenazan con nuevas injusticias a los no nacidos e incluso cuestionan lo que significa ser humanos.

Estos avances incluyen el creciente uso de la fertilización in vitro, que resulta en la congelación indefinida de miles de embriones o en su eliminación porque estos embriones no son necesitados o deseados por los padres.

Estamos presenciando también una nueva eugenesia, un nuevo impulso por “perfeccionar” la especie humana. Muy pronto, los padres podrán crear “bebés diseñados al gusto” mediante la FIV y embriones cuyos genes hayan sido “editados” y “optimizados” para reducir la probabilidad de que el niño sea propenso a discapacidades, enfermedades o rasgos físicos que no les gusten a los padres.

La FIV ha fomentado también una industria mundial de la fertilidad en la que los bebés se producen y se venden a compradores como cualquier otro producto o servicio.

La maternidad subrogada, legal en muchos estados de Estados Unidos, es deplorada por los Papas como una forma de trata de personas, ya que los futuros padres “compran” los úteros de mujeres pobres para que ellas gesten a sus hijos.

A la luz de estos acontecimientos, tenemos que reafirmar que el derecho a la vida es la piedra angular de la dignidad y del desarrollo humanos.

Como lo dijo el Papa León XIV a los diplomáticos del Vaticano a principios del nuevo año: “La tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano. Una sociedad sólo está sana y desarrollada cuando protege la sacralidad de la vida humana y se esfuerza activamente por promoverla”.

Las palabras del Santo Padre deberían renovarnos e inspirarnos en nuestra labor a favor de la gran causa de la vida humana en nuestro tiempo.

En su discurso a los diplomáticos, León alentó la protección del derecho de los médicos y enfermeras a negarse a participar en abortos, eutanasias y cualquier otra práctica que viole su conciencia.

Se opuso a las políticas que hacen el aborto más accesible y exhortó a trabajar para que las leyes y políticas sean más favorables a la familia. Los recursos públicos, afirmó, no deben utilizarse “para suprimir la vida”, sino más bien para “apoyar a las madres y a las familias”.

“El objetivo principal”, afirma León, “debe seguir siendo la protección de todos los niños no nacidos y el apoyo efectivo y concreto a todas las mujeres para que puedan acoger la vida”.

Ésta ha sido siempre la perspectiva de UnaVida LA. Al cabo de 12 años, nuestra misión sigue siendo urgente.

Al afrontar los desafíos que nos esperan, tengo una gran esperanza, porque a lo largo de los años he visto a muchos católicos comunes trabajando discretamente y haciendo sacrificios, acompañando a madres necesitadas, sirviendo como padres de acogida y como padres de crianza temporal, es decir, trabajando para construir un mundo nuevo en el que la vida sea acogida y apreciada.

Sigan orando por mí y yo oraré por ustedes. Y acompáñenme, por favor en UnaVida LA y en nuestra Misa de Réquiem por los No Nacidos.

Pidamos a la Virgen María, la Madre de la Vida, que interceda por todos los débiles y vulnerables, y que nos inspire a todos el perseverar en la gran causa de la vida.

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Arzobispo José H. Gomez

El Reverendo José H. Gomez es el arzobispo de Los Angeles, la comunidad católica más grande del país. También se desempeña como Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

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