San Agustín era hijo de Santa Mónica, cuya memoria se celebra el 27 de agosto. Nació en Tagaste, África, en el año 354. Durante gran parte de su juventud y primeros años de adultez llevó una vida alejada de Dios y entregada a los placeres, después de haberse apartado rápidamente de la Iglesia Católica. Fue un destacado estudioso y llegó a adherirse al maniqueísmo, una doctrina que sostenía que podía demostrar que las Escrituras eran falsas.
En el año 386, Agustín viajó a Milán, donde conoció a San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia. Ambrosio lo inspiró a profundizar en la fe católica y, con el tiempo, Agustín recibió el bautismo. Poco después murió su madre, Santa Mónica, quien había rezado constantemente por su conversión y pudo ver cumplido su anhelado deseo.
Agustín regresó a Tagaste y, con el tiempo, fue nombrado obispo de Hipona. Permaneció como pastor de esa comunidad durante el resto de su vida, y escribió numerosas obras autobiográficas y teológicas que continúan influyendo y dando forma a la Iglesia hasta nuestros días.
San Agustín murió el 28 de agosto del año 430, a los 76 años.
