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Mucho antes de que el condado de Los Ángeles se transformara en la gran metrópolis que es hoy, la comunidad de Artesia formaba parte de una zona conocida como el “Valle Lechero” (Dairy Valley). Allí se establecieron inmigrantes, especialmente portugueses, que trabajaban en las granjas lecheras de la zona. Durante décadas, la iglesia de la Sagrada Familia (Holy Family Church) fue el centro de su vida espiritual.

Hoy, la parroquia atiende a una comunidad mucho más diversa, que incluye inmigrantes provenientes de Filipinas y México. Sin embargo, cuando el párroco, el Padre John Cordero, MMHC, comenzó a pensar en una forma de rendir homenaje a la rica historia de la parroquia, su imaginación viajó hasta Portugal.

“En Portugal hay muchas iglesias cuya fachada está completamente revestida de azulejos”, explicó el Padre Luis Proença, SJ, oriundo de ese país y miembro de la comunidad de la Sagrada Familia desde hace más de 30 años. “Tanto el interior como el exterior están decorados, generalmente en tonos azules y blancos”.

Hace más de un año, Cordero compartió con Proença una idea: ¿por qué no traer desde Portugal un panel de azulejos?

A partir de esa idea, lo que comenzó como un homenaje a la historia de la parroquia terminó convirtiéndose en un proyecto más amplio: renovar la fachada de la iglesia con azulejos inspirados en la tradición portuguesa.

Proença, profesor de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Loyola Marymount (Loyola Marymount University’s School of Film and Television), se puso en contacto con su colega José García Moreno, director de la Academia de Pensamiento e Imaginación Católica (Academy of Catholic Thought and Imagination) de la misma universidad.

Entre las obras de Moreno se encuentra la instalación de gran escala Anima Mundi: El alma del mundo, ubicada en la capilla de la universidad. Impresionado por su trabajo, Proença mostró al padre “El padre John se sintió muy inspirado por lo que vio”, recordó Proença. Poco después, los puso en contacto y el proyecto comenzó a tomar forma.

Para Proença, el mural refleja la identidad espiritual de la propia parroquia. En el centro del diseño aparece una espiral que, más que una figura cerrada, sugiere un movimiento constante de crecimiento, encuentro y renovación. Para él, representa una creación siempre abierta y en transformación, al igual que la comunidad parroquial.

Los peces entrelazados que recorren esa espiral simbolizan a las personas que forman parte de la parroquia. Aunque proceden de distintos países, culturas y tradiciones, avanzan juntas formando una sola comunidad.

“Todos venimos de orígenes diferentes y tenemos raíces distintas”, explicó Proença.

Según explicó, la espiral refleja la acción del Espíritu Santo, que reúne a personas diversas y las une en una misma fe. El hecho de que la obra esté realizada en azulejos también refuerza ese mensaje de permanencia: fue diseñada para durar generaciones. “Dentro de trescientos años, la gente seguirá pudiendo contemplar estos paneles”, afirmó.

José García Moreno posa frente al nuevo mural de azulejos inspirado en la tradición portuguesa que creó para la iglesia de la Sagrada Familia en Artesia. (Kimmy Chacon)

José García Moreno posa frente al nuevo mural de azulejos inspirado en la tradición portuguesa que creó para la iglesia de la Sagrada Familia en Artesia. (Kimmy Chacon)

En una publicación en Facebook, el Padre John Cordero explicó que el tema del mural se inspira en el llamado del Evangelio a “hacer discípulos a todas las naciones” (Mt 28,19). “Esto tiene un significado especial para nuestra parroquia multicultural, formada por inmigrantes procedentes de distintas partes del mundo”, escribió.

Combinando esa idea con la misión de los apóstoles de ser “pescadores de hombres”, Cordero señaló que el mural representa peces de diferentes lugares del mundo que convergen hacia la Eucaristía, representada en el extremo izquierdo de la obra. El mural, que cubre toda la pared del vestíbulo, fue realizado con azulejos impresos diseñados para evocar el aspecto de los mosaicos tradicionales.

Frank Faria, miembro de la parroquia desde la década de 1960 y ordenado diácono permanente hace dos años, considera que el mural narra visualmente la historia de la comunidad.

“Tenemos tres diáconos”, comentó entre risas. “Los tres ‘P’: el filipino, el panameño y el portugués”.

Para Faria, el propósito de Cordero era claro: rendir homenaje a la comunidad portuguesa y a las familias que contribuyeron a fundar la parroquia hace casi un siglo, y que desde entonces “siempre han formado parte de esta iglesia”.

El uso de los tradicionales azulejos portugueses refuerza ese vínculo con las raíces de la comunidad. Cordero incluso quiso que las piezas tuvieran las mismas dimensiones que las utilizadas en Portugal, estableciendo así una conexión visible con esa herencia cultural.

Sin embargo, la obra también mira hacia el futuro. Moreno se define como un artista que busca constantemente nuevas formas de expresión.

“Siempre estoy experimentando con cosas nuevas, pero todo nace de las mismas raíces: quién soy y cómo la tecnología puede ayudarme a expresar eso”, explicó.

Ese espíritu innovador también estuvo presente durante la elaboración del mural. Moreno comparó el proceso con el armado de un gigantesco juego de construcción: trabajó con enormes archivos digitales que debieron dividirse y ensamblarse pieza por pieza.

A pesar de los desafíos técnicos, su objetivo era sencillo: “¿Cómo puedo crear algo bello que ayude a las personas a contemplar, a su manera, su propia espiritualidad?”, señaló.

Faria añadió que este estilo artístico también resulta familiar fuera del ámbito eclesial, ya que “muchos de nuestros vecinos portugueses tienen pequeños mosaicos de azulejos en las fachadas de sus casas”.

Desde su inauguración, poco después de Pascua, el mural ha despertado profundas emociones entre quienes lo visitan. Cordero ha visto a personas conmoverse al contemplarlo.

Cuando ocurre algo así, te das cuenta de que la obra ha llegado al corazón de alguien”, afirmó Moreno. “Y también comprendes que, de algún modo, la obra ya no te pertenece”.

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Kimmy Chacón