El 30 de mayo, el arzobispo José H. Gomez ordenará a tres nuevos sacerdotes para la Arquidiócesis de Los Ángeles en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles.
En los días previos a la ordenación, iremos presentando a cada uno de ellos. ¡Los Ángeles, conozcan a sus nuevos sacerdotes!
Edad: 29 años
Ciudad natal: Cebú, Filipinas
Parroquia de origen: Iglesia Santa Clara de Asís, Santa Clarita
Asignación parroquial: Iglesia San Cornelio, Long Beach
Podría decirse que Jerick Alenton estaba destinado al sacerdocio desde muy pequeño.
Cuando Alenton era un bebé, su familia siguió una tradición popular en la que se colocan distintos objetos frente al niño: según la costumbre, aquello hacia lo que gateara y eligiera indicaría su futura profesión.
Alenton eligió un rosario.
Más adelante, mientras otros niños en la escuela dibujaban perros, árboles o helados, él dibujaba cruces y a Jesús.
Y cada vez que alguien le preguntaba qué quería ser de grande, respondía lo mismo: sacerdote.
“Recuerdo que jugábamos a celebrar la Misa con los chicos del barrio”, contó Alenton, de 29 años, nacido y criado en Filipinas. “Usábamos jugo de naranja como vino y unas galletitas rojas que parecían hostias para la Comunión. Me había aprendido las oraciones de la Misa e incluso trataba de improvisar una homilía”.
Como sus padres trabajaban en el extranjero —su madre en Estados Unidos y su padre en Dubái—, Alenton creció principalmente al cuidado de su abuela y de un tío. Muchas veces eso le provocaba tristeza y soledad, y sentía envidia de otros niños que sí podían estar con sus padres. Con el tiempo, sin embargo, aprendió a valorar el sacrificio que ellos hicieron.
“Mi mamá siempre me decía: ‘Tuviste suerte de no tener que ir a los arrozales a sacar malezas, mojarte los pies en el barro o agacharte a plantar arroz’”, recordó Alenton. “Ella repetía que hicieron todo eso para que yo no tuviera que vivir las dificultades que ellos vivieron de chicos y pudiera dedicarme simplemente a estudiar y disfrutar mi infancia”.

Jerick Alenton recibe su primera Comunión durante una Misa en la Universidad de San Carlos, en Cebú. (Foto cedida)
Pero fue su abuela quien dejó una huella profunda en su fe. Ella le enseñó oraciones en español y en latín, leyendo de un pequeño libro que Alenton terminó aprendiendo casi de memoria. Antes de mudarse a Estados Unidos, le pidió una copia, y su abuela se la escribió a mano. Hasta hoy conserva ese cuaderno como un tesoro.
“Ella fue quien realmente me introdujo en la fe y me ayudó a crecer espiritualemente”, dijo Alenton sobre su abuela, fallecida en 2022. “Me llevaba a la iglesia, a Misa, a procesiones y también a los novenarios”.
Cuando tenía unos 9 años, su madre inició los trámites para llevarlo a Estados Unidos, donde vivía en Santa Clarita, California. El cambio fue enorme y el choque cultural se hizo sentir desde el primer momento.
“Mi idea de Estados Unidos eran rascacielos como los del centro de Los Ángeles o Nueva York”, recordó Alenton. “Pero apenas salimos del aeropuerto de LAX pensé: ‘¿Esto es todo? Solo hay montañas y no hay nada más’”.
En la escuela secundaria, el Padre Raymond Marquez preguntó en clase quién quería ser sacerdote y todos señalaron a Alenton. Poco después, fue invitado a un retiro vocacional de discernimiento llamado “Come and See”.
Ya en la preparatoria, conoció al Padre Bao Nguyen, quien lo ayudó a iniciar el proceso para ingresar al seminario. La noticia de que había sido aceptado llegó el mismo día de su baile de graduación.
“Sentí una felicidad enorme porque entendí que este era realmente mi camino”, dijo. “Por fin estaba preparándome para ser aquello que soñaba desde chico”.
En algún momento de su formación, Alenton pensó en regresar a Filipinas, especialmente para reencontrarse con su abuela. Pero la pandemia de COVID-19 cambió sus planes y terminó quedándose en Estados Unidos. Con el tiempo, comenzó a ver eso como parte del plan de Dios: acompañar a inmigrantes que atraviesan la misma experiencia de adaptación que él vivió.
“Puedo acompañarlos y ayudarlos a adaptarse porque yo viví esa experiencia”, explicó. “Dios me trajo aquí, terminé aquí la secundaria y la universidad. Este es el lugar donde Él quería que estuviera”.
Mientras se prepara para el sacerdocio, reconoce que también siente miedos e inseguridades, pero trata de transmitir a los demás que siempre se puede hablar con Jesús y sentirlo cercano.
“Suelo llevar conmigo una pequeña imagen del Santo Niño Jesús”, contó. “Cuando estoy nervioso, la aprieto en el bolsillo y le digo: ‘Quédate conmigo y ayúdame’. Eso me recuerda que no estoy solo y que, al final, no soy yo quien hace el ministerio, sino Jesús actuando a través de mí”.

Jerick Alenton posa en 2022 junto a su abuela en Filipinas, quien ayudó a criarlo. Ella falleció en 2023. (Foto cedida)
